Síndrome de la boca ardiente: un problema difícil de diagnosticar

Cualquier problema relacionado con la salud bucodental puede suponer una merma importante en la calidad de vida de las personas. Entre algunos de los trastornos orales menos conocidos pero más problemáticos desde el punto de vista de este deterioro se encuentra el síndrome de la boca ardiente. Una disfunción que se manifiesta con síntomas muy incómodos pero que no deja lesiones evidentes de estas molestias, lo que dificulta su diagnóstico y su tratamiento.

Glosodinia: dolor y quemazón en las mucosas orales

La sensación de hormigueo o adormecimiento en la lengua, las molestias intensas en el paladar que irradian hacia otros lados de la boca y la sensación de ardor intenso en toda la cavidad bucal pueden estar indicando que padeces el síndrome de la boca ardiente (SBA) o glosodinia. Es un cuadro clínico que se presenta de manera espontánea y sin motivo aparente que justifique los síntomas urentes que se experimentan en las mucosas de la boca, sobre todo en la lengua.

El dolor persiste, pero la glosodinia no se manifiesta con evidencias de irritación, inflamación o infección en las zonas afectadas por esta intensa molestia. El carácter multifactorial de esta afección complica su diagnóstico y por lo tanto su abordaje terapéutico. Es por ello que la exploración visual resulta insuficiente y es necesario analizar el estado del paciente desde varias perspectivas.

Sindrome de boca ardiente SBA

Las mujeres, las más afectadas por el síndrome de la boca ardiente

Según estudios de la Sociedad Española de Medicina Oral, el síndrome de la boca ardiente afecta a un porcentaje variable de la población general, entre el 0,1 y el 3,9%. Además, tiene especial incidencia entre las mujeres que superan los 50 años de edad y su prevalencia es hasta siete veces superior en la población femenina que ya se encuentra en la perimenopausia o en la menopausia.

A nivel general, se puede decir que la glosodinia afecta sobre todo a personas mayores de 60 años, aunque por el momento los especialistas no han podido establecer un perfil del paciente mucho más preciso. No en vano, se trata de un trastorno difícil de diagnosticar que en sentido estricto es capaz de afectar a cualquier persona y en cualquier rango de edad, aunque es poco habitual encontrar pacientes menores de 30 años.

¿Cómo se manifiesta el SBA y cuánto dura su sintomatología?

El síndrome de la boca ardiente es un cuadro frecuente, pero la información que existe sobre este no es muy completa. La aparición de los síntomas se produce sin que parezcan existir trastornos médicos que los justifiquen. A falta de un conocimiento exhaustivo de las causas del problema, los especialistas tan solo pueden actuar para mitigar la sintomatología, la única parte de este trastorno que siempre se presenta de manera similar en todos los pacientes.

  • Sensación de quemazón en los labios, las encías, el paladar, el dorso, la punta y los laterales de la lengua y la mucosa yugal
  • Labios agrietados
  • Hipersensibilidad en las encías
  • Hormigueo o pastosidad en el boca
  • Entumecimiento de la lengua
  • Aspereza en el paladar

Aparte de estos síntomas directos, durante el diagnóstico el especialista deberá valorar otros aspectos que a menudo están asociados a este síndrome:

  • Xerostomía o boca seca
  • Cefaleas
  • Disgeusia (gusto desagradable en la boca, como de metal u óxido)
  • Hipogeusia (disminución o pérdida del sentido del gusto)
  • Mal aliento
  • Ansiedad, insomnio y astenia

Atendiendo a los síntomas con los que cursa la enfermedad, el odontólogo podrá determinar cuál es el alcance del SBA. Para ello existe una tabla de clasificación del síntoma en la que se distinguen tres diferentes niveles de gravedad:

  1. SBA de tipo I: durante las primeras horas de la mañana apenas se notan los síntomas, pero a medida que el día avanza se van agravando. Las horas de la tarde y la noche son las más incómodas. Este es el cuadro sintomatológico presente en el 65% de los pacientes.
  2. SBA de tipo II: los síntomas del trastorno se pueden manifestar tanto de día como de noche. Una vez que aparecen, se mantienen a un mismo nivel de intensidad durante varias horas. Es el tipo de SBA que describe a un 25% de los pacientes.
  3. SBA de tipo III: la sintomatología no responde a ningún patrón. Aparece de manera inesperada en cualquier momento del día o de la noche, en ocasiones de forma intermitente. Afecta a un 10% de los pacientes con este trastorno.

Mujer con labios secos

Aunque existen diferentes estadios de la enfermedad en relación a su intensidad y a su forma de manifestarse, no se puede determinar con certeza la duración de la misma. En algunos pacientes el síndrome de la boca ardiente puede ser tan solo una alteración transitoria durante un período de tiempo que no se prolonga más de unas semanas. En otros casos, los síntomas pueden manifestarse durante años, con la consecuente pérdida de calidad de vida del paciente y la aparición de daños colaterales en su salud física y emocional.

Causas de este síndrome, diagnóstico complicado

El hecho de que la sintomatología de este síndrome sea tan inespecífica y variable y que no se manifiesten sus secuelas en forma de lesiones bucales plantea un panorama poco optimista en la detección de la enfermedad. Por el momento no existe ninguna prueba específica para su diagnóstico más allá de la revisión del historial médico del paciente, el examen visual y la realización de análisis generales:

  • Hemograma completo
  • Alergias
  • Prueba de imagen
  • Biopsia de tejidos bucales
  • Flujo salival

En cuanto a los factores desencadenantes de la glosodinia, la experiencia de los especialistas ha facilitado una clasificación en dos posibles tipos de causa que nos permiten hablar de síndrome de la boca ardiente primario o secundario:

  • SBA primario: se emplea esta denominación cuando existen sospechas de que el trastorno está causado por algún tipo de deficiencia en los nervios encargados de controlar el sentido del gusto y la sensibilidad de los tejidos de la boca.
  • SBA secundario: plantea un escenario en el que entran en juego múltiples factores. El origen del trastorno estaría en un problema médico subyacente: cuestiones metabólicas, cambios hormonales, alergias dentales, efectos secundarios de tratamientos médicos y farmacológicos, carencias nutricionales… Se pueden mitigar los síntomas, pero si no se actúa sobre el origen del problema, este no se resolverá.

Tratamiento y consejos útiles para afrontar esta afección

Los tratamientos para el SBA no están estandarizados. Aunque existen algunas recomendaciones, será el especialista el que decida cómo combatir los síntomas en función de los antecedentes de cada paciente: lo que puede resultar útil para unos, puede ser un fracaso en otros casos.

Aspectos como el dolor, la sequedad o la halitosis se pueden tratar con fármacos de manera puntual. No obstante, es imprescindible realizar un seguimiento de la evolución del paciente y mantenerse alerta ante esas condiciones médicas subyacentes que podrían estar en el origen del problema.

Aparte de las pautas farmacológicas que pueda establecer el odontólogo, también habrá que tener en cuenta ciertas rutinas y cambios de hábitos que de manera natural favorecen que el dolor y la sensibilidad disminuyan para preservar la salud bucodental:

  • Evitar el consumo de alcohol y tabaco.
  • Prescindir de las bebidas azucaradas o edulcoradas.
  • No consumir alimentos o bebidas demasiado frías o calientes.
  • Completar la higiene bucal con el empleo de colutorios sin alcohol.
  • Escoger una pasta dental médica que no irrite las mucosas orales.
  • Ingerir agua de manera regular a lo largo del día.
  • Mascar chicles sin azúcar.
  • Evitar los alimentos ácidos (fresas, naranjas, kiwis….).

Aunque los fármacos y estos cambios de hábitos puedan ayudar a reducir las molestias provocadas por el SBA, no hay que olvidar que se trata de un ardor idiopático en el que intervienen varios factores. El manejo adecuado de la enfermedad debe tener en cuenta aspectos psicológicos y emocionales que permitan abordar en profundidad el componente depresivo que suele ir asociado a esta condición. Reducir los niveles de ansiedad del paciente, aplicar pautas de alimentación e higiene específicas e ir descartando otras patologías son la clave del éxito en el tratamiento de este problema bucodental.

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