¿Sabes cómo identificar un diente muerto?

Los dientes son órganos anatómicos duros que requieren de su propio suministro de sangre. Cuando por efecto de un trauma físico o de una infección los vasos sanguíneos que los irrigan se ven afectados, la salud de los tejidos blandos que componen su interior puede verse comprometida hasta el punto de producirse la muerte del diente.

Una visión muy general del diente y su anatomía

Para entender qué es la muerte del diente y por qué puede llegar a producirse, antes hay que tener clara cuál es la anatomía básica de una pieza dental. Sin entrar mucho en los detalles podría decirse que la morfología del diente se compone de tres partes:

  1. El esmalte: es la cara visible del diente. Un tejido insensible, duro y mineralizado que funciona como capa protectora pero que no es indestructible. Las malas prácticas de higiene, los hábitos poco saludables o las lesiones fortuitas pueden hacer que se dañe.
  2. La dentina: es la capa inferior del esmalte, en un segundo nivel de profundidad. La dentina sí que tiene sensibilidad ya que se compone de diminutos conductos que conectan directamente con la parte interior del diente. Este es el motivo por el que las caries pueden resultar dolorosas una vez que atraviesan el esmalte y acceden a esta capa.
  3. La pulpa: es el tejido más blando de cuantos componen el diente. Es aquí donde se ubican los vasos sanguíneos y los nervios encargados de mantenerlo con vida. También es la parte más sensible y la más delicada, lo que explica por qué por encima de ella existen otras dos capas de protección.

Muerte pulpar: el principio del fin

Los dientes se mantienen vivos gracias a la irrigación de sangre y nutrientes. Puesto que todas las fibras nerviosas y tejidos blandos encargados de llevar a cabo esta función se encuentran en la pulpa, es fácil entender que la muerte de esta sea también la desencadenante de la muerte del diente.

Ahora bien, ¿cómo es posible llegar hasta el nervio del diente y provocar esta situación irreversible? La necrosis dental no es una de las afecciones más comunes en la consulta del dentista, pero sí la más grave. La muerte del nervio implica la pérdida de esa pieza natural y, aunque existan métodos para paliar sus consecuencias, no se habrá cumplido el principal objetivo de dentistas y pacientes: conservar los dientes propios el máximo tiempo posible.

diente muerto

Causas de la muerte del diente

Los daños en el nervio de una pieza dental están asociados a dos tipos de situaciones:

  1. La aparición de caries dentales es el factor desencadenante más habitual en lo que a necrosis del diente se refiere. Por lo general, una caries que es tratada a tiempo no revierte mayor gravedad. Si bien es cierto que puede ser molesta cuando la infección ha conseguido abrirse camino hasta la dentina, una intervención a tiempo puede poner fin al problema. No obstante, cuando la caries es tan profunda que llega hasta la pulpa, la cosa se complica. La presencia de bacterias en la pulpa hace que esta se inflame y que se corte el flujo de sangre al diente provocando la muerte del nervio con un dolor agudo.
  2. A pesar de mantener una buena higiene dental, la muerte del diente puede producirse por una segunda vía: las lesiones. Un fuerte traumatismo en los dientes como consecuencia de una caída o un golpe también puede ser el desencadenante de la necrosis dental. El proceso no tiene por qué ser inmediato y la lesión puede avanzar durante semanas sin que el paciente note grandes cambios en su dentadura. Pero a medida que las consecuencias del impacto avanzan hacia la pulpa del diente, los síntomas que anuncian la muerte del nervio se hacen más evidentes.

¿Cuáles son los síntomas de un diente muerto?

El diagnóstico de un diente muerto no siempre resulta sencillo. En ausencia de signos visibles, los síntomas habituales de este problema pueden ser confundidos con los de otro tipo de afecciones. En muchos casos la inspección rutinaria de las piezas dentales no será suficiente para realizar un diagnóstico preciso y habrá que realizar radiografías para determinar qué es lo que está sucediendo en el interior del diente.

radiografia dientes

Pero a pesar de las complicaciones iniciales, hay dos rasgos característicos en el proceso de necrosis de un diente que resultan reveladores para el especialista:

  1. La decoloración de la pieza dental es un síntoma evidente de que los glóbulos rojos están muriendo como consecuencia de la falta de irrigación en la pulpa. Con el paso del tiempo, esta pérdida de color avanza de tonalidades amarillas a grisáceas e incluso al negro.
  2. El dolor y la sensibilidad son también dos síntomas comunes aunque no se manifiesten con la misma intensidad en todos los pacientes. De hecho, la necrosis dental puede presentarse sin ninguno de estos signos hasta que la situación está ya muy avanzada. En cualquier caso, el dolor no procede propiamente de la pulpa, donde el nervio ya ha muerto, sino de la presión que una eventual infección ejercerá sobre la membrana periodontal que rodea a esta cavidad.

Cuando aún no existen síntomas evidentes de que se haya producido la muerte del diente, el autodiagnóstico puede basarse en otros signos que son comunes a todo tipo de infecciones bucales como el mal aliento, el mal sabor de boca o la hinchazón en la línea de las encías.

Maneras de abordar un diente necrótico

Tanto el diente moribundo como el ya muerto deben ser tratados en la mayor brevedad posible. Solo así se evitará que una posible infección se propague al resto de la boca y pueda dañar otras piezas dentales, las encías o las mandíbulas.

Al contrario de lo que sucede con otras afecciones dentales menos graves como la aparición de caries, una vez que el nervio del diente ha muerto, la pieza natural es difícil de recuperar cuando no imposible. Todos los esfuerzos estarán orientados a una limpieza integral de la cavidad mediante una intervención conocida como endodoncia.

La endodoncia es un procedimiento quirúrgico que implica la remoción del nervio y los tejidos dañados en el interior del diente. Mediante este tratamiento en profundidad del conducto radicular es posible realizar una limpieza minuciosa de la pulpa para, a continuación, sellar este conducto y evitar que la infección pase al hueso. El orificio por el que se accede a la raíz del diente se vuelve a sellar de manera que, aunque solo sea de forma parcial, el paciente conserva su pieza dental natural.

La decoloración que haya podido producirse en el diente se subsana a posteriori con alguno de los modernos procesos de blanqueamiento en consulta o bien recurriendo al uso de carillas dentales, aunque esta solución dependerá de las características y la posición de la pieza afectada.

Cuando la recuperación parcial del diente no es posible debido a un estado de necrosis avanzado que hace peligrar al resto de la boca, la única solución viable es la extracción y el reemplazo de la pieza dental. Con todo, se trata de un tratamiento delicado que los profesionales preferimos dejar al final de la lista, cuando ya no existen otras alternativas que ofrezcan las garantías de éxito necesarias.

La exodoncia de la pieza dental dejará un hueco que debe ser ocupado por un implante, un puente fijo o una dentadura removible.

Toma precauciones y evita la muerte del diente

Nadie mejor que el paciente conoce las particularidades de su dentadura. La pronta detección de síntomas como un exceso de sensibilidad, la repentina aparición de halitosis, el dolor al masticar o la inflamación de las encías pueden salvar un diente moribundo. Si has recibido un fuerte golpe en la dentadura, si crees que tienes caries o simplemente si empiezas a notar que algo en tus dientes y encías ya no se ‘siente’ como antes, acude cuanto antes a una revisión.

Los dientes son solo la cara visible del complejo engranaje que compone la morfología de la boca. Aparte de una bonita apariencia, una correcta alineación o una tonalidad atractiva, existen muchos aspectos que no se aprecian a simple vista y que son determinantes a la hora de valorar la buena salud de una boca. La muerte del diente es una situación que se puede evitar con las medidas de higiene adecuadas, una protección eficiente en las situaciones de riesgo y un control regular de la dentadura en la consulta del dentista.

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