Por qué corregir el hábito de chuparse el dedo

Es común que tanto los bebés como los niños de corta edad acostumbren a chuparse el dedo pulgar. Este hábito conductual no tiene por qué ser un problema durante los primeros años de vida. Sin embargo, a partir de cierta edad se convierte en un riesgo para la salud bucodental de los niños y conviene ponerle solución lo antes posible.

Chuparse el dedo, una conducta habitual en niños pequeños

¿Alguna vez te has preguntado por qué los niños adquieren el hábito de chuparse el dedo?

bebé chuparse el dedo ecografíaEn realidad no se trata tanto de un hábito como de un acto reflejo provocado por el instinto de lactancia. No en vano, incluso en las ecografías que se realizan a las madres a partir del quinto mes de gestación, en ocasiones, se puede observar cómo el feto ya succiona su dedo pulgar.

Es un acto reflejo que, conforme pasa el tiempo, no solo se limita al dedo pulgar sino que se transfiere a otros objetos como el chupete o sus juguetes favoritos. Y es que, aparte del carácter instintivo de este gesto, si se repite con frecuencia es porque provoca una sensación de calma y relajación inmediatas. La succión del pulgar y el uso del chupete se asocian al momento de la lactancia. En estas circunstancias aumenta la producción de endorfinas en el organismo del pequeño y con ello se establece esa asociación positiva que hace que chuparse el dedo resulte tan agradable.

El uso del chupete para conciliar el sueño, ¿cuándo hay que detenerlo?

La succión del dedo o del chupete ayuda a los bebés a sentirse más seguros. En psicología infantil están considerados objetos transicionales porque actúan como un símbolo mediador entre el bebé y la madre en el momento en que existe una separación entre ambos.

La succión del pulgar o de cualquier otro objeto va más allá del instinto que asegura la función nutritiva: es un acto que forma parte de su proceso evolutivo y presenta aspectos muy positivos en la estabilidad emocional de los niños. La seguridad y la tranquilidad que les proporciona es además un método infalible para que concilien el sueño. No obstante, y debido también a este proceso de evolución, cuando el hábito se mantiene más allá de los cuatro años de edad resulta contraproducente para la salud de los niños y es necesario corregirlo para evitar sus efectos negativos.

Consecuencias de la succión del pulgar en niños de edad avanzada

A partir de cierta edad, el hábito de chuparse el dedo es una conducta que no encaja en el desarrollo del niño ni a nivel emocional ni a nivel físico. Superada la frontera de los cuatro años, los cambios en el comportamiento del niño y en su fisionomía son más que notables. Por lo general, este reflejo natural desaparece por sí solo una vez que el pequeño encuentra otras maneras de canalizar su estrés, de mejorar su autoconfianza o de conciliar el sueño.

El abandono de este hábito forma parte de su desarrollo y no es solo algo circunstancial sino necesario. La importancia de desprenderse de esta costumbre se aprecia sobre todo desde la perspectiva de la salud bucodental de los niños y de las consecuencias negativas de esta succión en la evolución de sus dientes y encías.

  • Maloclusión dental: muchos de los problemas relacionados con la mordida abierta tienen su origen en esta etapa del desarrollo. La falta de contacto al morder entre los incisivos inferiores y superiores puede deberse al uso abusivo del chupete o a la costumbre de chuparse el dedo.
  • Mala orientación de las arcadas: los movimientos de succión exigen un desplazamiento poco natural de las arcadas dentarias. Chuparse el dedo obliga a que la arcada inferior se mueva hacia atrás y la superior hacia delante.
  • Hipoplasia: la presencia constante del pulgar en la boca impide que la lengua ocupe la posición correcta en la cavidad bucal. Esto a su vez hace que el maxilar superior no se desarrolle del modo adecuado, afectando al resto de las estructuras óseas de la boca.
  • Deformación del paladar: los movimientos de succión no son el único problema, también lo es la mayor o menor contundencia de los objetos que se introducen en la boca. El empuje contundente del dedo succionado sobre el paladar hará que este adopte de manera progresiva una forma convexa (paladar ojival) poco natural.
  • Problemas de deglución: la deformidad en el paladar y el incorrecto posicionamiento de la lengua como consecuencia de la succión pueden derivar en dificultades de diversa gravedad a la hora de tragar.
  • Alteraciones en el lenguaje: la articulación de los fonemas depende estrechamente de la posición de los dientes y la lengua. Los problemas en la erupción dentaria, la malposición de las piezas o el crecimiento deficiente de las estructuras maxilares suponen una dificultad añadida en la comunicación oral.
  • Infecciones: los dedos y las uñas acumulan una gran cantidad de gérmenes. Mantener una higiene constante en las manos de los niños resulta casi imposible. El hábito de chuparse el dedo facilitará el acceso de bacterias a la boca y con ello la proliferación de infecciones e incluso intoxicaciones.

Niña succión pulgar

¿Cómo se puede corregir este hábito?

Eliminar el uso del chupete suele resultar mucho más sencillo que acabar con el hábito de chuparse el pulgar. No obstante, el primero es un objeto que se puede retirar de manera progresiva mientras que el segundo es una opción que el niño siempre encuentra a mano, nunca mejor dicho.

¿Es igual de grave el uso del chupete que la succión del pulgar? En niños mayores de cuatro años ninguna succión vigorosa resulta recomendable, ni la del pulgar, ni la del chupete ni la de las tetinas de biberones o botellas. Con todo, el chupete resulta ‘menos malo’ para la salud de los dientes en el sentido de que se trata de un material más blando. En cualquier caso, los efectos negativos en la salud bucodental del niño son los mismos y es muy importante ponerle fin a estos hábitos antes de que empiecen a aparecer los dientes definitivos.

  • Si el niño tiene la madurez suficiente como para entender las consecuencias de esta conducta, lo mejor es explicarle cuáles son los efectos negativos de chuparse el dedo y por qué es necesario dejar de hacerlo.
  • Cuando la succión del pulgar se produce sobre todo durante la noche, a la hora de dormir, se puede reemplazar la seguridad que proporciona esta acción por la de abrazar un peluche o algún otro objeto que le transmita tranquilidad al pequeño.
  • ¿Tu hijo se chupa el dedo cuando está aburrido? Es otra circunstancia bastante habitual. La solución está en mostrarle que siempre existen recursos y herramientas para mantenerse entretenido y potenciar ese tipo de actividades en solitario: pintar, leer, jugar con plastilina…
  • El sistema de recompensas puede ser una buena solución cuando el hábito está muy arraigado. En lugar de sancionar las conductas inadecuadas, se premiará al niño cuando demuestre ser capaz de no llevarse el pulgar a la boca. ¿Cómo poner en marcha el sistema de recompensas? Una canción, una pegatina, un lápiz de color… Existen infinidad de maneras de premiar su buena conducta.
  • Puesto que el hábito de chuparse el dedo debería desaparecer de manera natural, si este se prolonga demasiado tiempo y los métodos descritos no ayudan a mejorar la situación, lo mejor es consultar al pediatra o a un psicólogo infantil para poner en marcha la terapia más adecuada.

El hábito de chuparse el dedo es una reacción normal en los niños, pero a partir de los cuatro años de edad puede acarrear serios problemas en su salud bucodental. Los padres deben prestar atención a este tipo de conductas para evitar que con el tiempo originen trastornos de tipo estructural que solo podrán ser tratados mediante el empleo de ortodoncias.

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