Los peligros de masticar hielo

Las buenas temperaturas, los baños en la playa o en la piscina, la posibilidad de salir a comer en una terraza… Son muchos los motivos por los que nuestros hábitos se modifican durante el verano y también nuestra dieta experimenta algunos cambios: es el momento de los helados y las bebidas frías. Prácticas habituales como la de masticar hielo pueden parecer muy refrescantes pero, ¿eres consciente de los riesgos a los que expones a tu dentadura?

¿Qué es la pagofagia?

Es agua, no tiene calorías y resulta muy refrescante. Visto así, un cubito de hielo no parece entrañar ningún peligro para la salud de nuestros dientes, pero todo depende del modo y de la frecuencia con la que lo consumas.

Tomamos hielo en las bebidas, en un granizado o cuando nos comemos un polo. Ya sabemos que muchas de estas licencias azucaradas que nos permitimos sobre todo en verano no son lo más recomendable para la dentadura, pero de manera puntual no tienen porqué suponer un riesgo si mantenemos unas rutinas de higiene adecuadas.

Frente a estas opciones tan golosas y apetecibles podríamos pensar que masticar hielo, agua en estado sólido, no tiene nada de dañino. No obstante, esta práctica llega a convertirse en una obsesión para muchas personas y sí resulta contraproducente.

La necesidad impulsiva de morder hielo se conoce como pagofagia. Es una conducta que en principio se atribuía a grupos de población bastante reducidos, sobre todo a las mujeres embarazadas y los niños menores de 10 años. Sin embargo, las modas pasajeras y la obsesión con las calorías y el físico han hecho que la pagofagia se haya ganado un hueco entre los jóvenes a través de las dietas milagrosas.

Peligros de masticar hielo

¿Por qué algunas personas tienen la necesidad de morder hielo?

La pagofagia es un trastorno que puede desarrollarse por distintos motivos:

  • La anemia ferropénica, que provoca la hinchazón de la lengua además de disminuir la perfusión sanguínea al cerebro. Masticar hielo parece aliviar estos síntomas, sobre todo durante la gestación.
  • El síndrome de pica, que consiste en masticar con regularidad sustancias que no son nutritivas (no alimentos), un comportamiento más común en los niños.
  • La enfermedad celíaca, que en ocasiones está asociada a complicaciones durante la absorción intestinal del hierro.
  • Trastornos psicológicos de otra índole provocados por la ansiedad o el estrés, la presión social, la obsesión con las dietas y la búsqueda del cuerpo perfecto.

¿Cómo afecta el hielo a tus dientes?

La pagofagia es un trastorno de la conducta que, aunque en ocasiones responda a causas fisiológicas, se suele abordar desde el ámbito de la psicología. Pero no hace falta que esta práctica se convierta en una obsesión para que nuestros dientes experimenten los efectos negativos de masticar hielo. Darle un bocado a un polo o morder el cubito de hielo que queda en el vaso cuando ya nos hemos acabado la bebida, son prácticas comunes que también pueden afectar a tu salud bucodental, como te mostramos a continuación:

  • Astillamiento o fracturas superficiales
  • Daños en el esmalte
  • Lesiones en las encías
  • Pérdida de la sensibilidad en la cavidad bucal
  • Pequeñas heridas sangrantes en la boca
  • Hipersensibilidad dental
  • Pérdida ósea y encogimiento de la encía
  • Inflamación de los vasos sanguíneos de la boca
  • Molestias de leves a moderadas
  • Mayor predisposición a padecer caries
  • Mayor exposición a enfermedades infecciosas

Un enemigo al que no hay que infravalorar

A pesar de que el hielo está hecho de agua y no contiene azúcares ni aditivos se trata de un elemento de gran dureza. Tus dientes y tus mandíbulas no tienen la potencia suficiente para triturarlo sin que se produzcan consecuencias negativas en la salud bucodental. Incluso cuando logras triturar el hielo con ayuda de los premolares y los molares estás generando infinidad de pequeñas escamas afiladas que pueden provocar en tu boca los mismos daños que si mordieras diminutos pedazos de cristal.

¿Quiere esto decir que no debemos comer polos durante el verano? Si los polos y los granizados resultan contraproducentes no es por su contenido en hielo sino por su alto contenido en azúcares. En cualquier caso, si aprieta el calor y te apetece darte un capricho, lo ideal es que este tipo de productos se consuman como caramelos, dejando que se derritan poco a poco en la boca.

Por norma general, todos los productos envasados que crujen cuando lo masticas tienen muchas probabilidades de ser algo nocivo para tu dentadura. Algunos frutos secos, las típicas patatas chips, las palomitas de maíz, los cereales de tipo crunchy… A veces no es solo por su morfología sino porque ese crujido es el resultado de un uso excesivo de azúcar o de sal que no solo es malo para los dientes sino para el organismo en general. Conviene tenerlo en cuenta para escoger siempre el snack más saludable.

Mantenerse frescos e hidratados sin peligro

No hay que confiar en la sed. Esta solo es un mecanismo de advertencia cuando la deshidratación ya es una realidad presente en nuestro organismo. Lo ideal es ir hidratándose a lo largo del día, de manera constante, sin esperar a tener esa sensación de sequedad en la boca o ese deseo incontrolable de tomar agua.

Consejos para una hidratación óptima que no dañe tu dentadura

  • La mejor manera de mantenerse hidratado es beber agua. No recurras a zumos, refrescos u otras bebidas azucaradas. Un vaso de agua es el mejor aliado de la hidratación. Tomar agua antes del cepillado de dientes o después de haber ingerido alimentos con un alto contenido en ácidos ayudará a mantener una buena salud bucodental.
  • La leche puede ser una buena alternativa de hidratación en momentos puntuales del día, por ejemplo durante el desayuno o a última hora de la noche. Además contiene calcio y vitaminas que ayudan a su absorción gracias a la intervención de los rayos del sol, algo muy beneficioso para tu dentadura.
  • Elige opciones ‘sin’: bebidas SIN azúcar y SIN gas. Las bebidas gaseosas, incluida el agua con gas, contienen ácido carbónico y su abuso debilita el esmalte de los dientes, al facilitar la entrada de los gérmenes y las bacterias que son las responsables de la aparición de caries.
  • La saliva es una gran aliada de tu salud bucodental, por eso es tan importante evitar la sequedad en la boca. Asegúrate de que al día consumes entre 1,5 y 2 litros de líquidos. Ten en cuenta que estos no tienen que provenir exclusivamente del agua sino que también están presentes en muchos de los alimentos que ingieres.
  • Siempre que elijas una opción de bebida que no sea el agua, trata de consumirla con otros alimentos y bebe algo de agua al acabar para agilizar la producción de saliva y reducir los niveles de acidez en la boca.
  • Tras consumir bebidas ácidas, ya sea un zumo natural, ya un refresco o una bebida isotónica, espera al menos 30 minutos antes de cepillarte los dientes. De este modo permitirás que la saliva haga su función y que un cepillado prematuro con demasiados ácidos en la boca provoque la erosión del esmalte dental.

Mantener el equilibrio hídrico del cuerpo también te ayudará a conservar una buena salud bucodental. No obstante, la hidratación debe hacerse de la manera adecuada para evitar desequilibrios en la dieta y daños significativos en dientes y encías. Masticar hielo puede parecerte una alternativa refrescante en los días de mucho calor, pero desde luego no es la más saludable para tu dentadura. Un vaso de agua fresca es siempre la opción más efectiva y respetuosa con tus dientes.

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