El empleo de botox en tratamientos bucales

De bacilo venenoso a producto estrella en el ámbito de la estética. El Clostridium Botulinum, al que seguramente conocerás mejor como botox, es una toxina cuyas capacidades paralizantes son cada vez más empleadas en los tratamientos de belleza y a la que también se le están sacando importantes aplicaciones desde el punto de vista médico. La odontología no se ha quedado al margen y los tratamientos dentales con botox han empezado a suplir las limitaciones de algunos procedimientos.

¿Qué es el botox y cómo llega al ámbito de la medicina?

Hasta el año 2002 la toxina botulínica no llega a España como solución a determinados problemas médicos y estéticos. Empleada ya en Estados Unidos desde 1989 para el tratamiento del cierre involuntario de los párpados, los tics faciales o el estrabismo, la aprobación del botox en Europa fue algo más tardía, pero no por ello menos relevante.

¿A qué se debió esta demora en darle luz verde a la toxina botulínica? Una cuestión de seguridad. No en vano, el Clostridium Botulinum es la bacteria responsable de la enfermedad del botulismo, que se produce al ingerir alimentos enlatados contaminados. Sin embargo, esos efectos que en un principio resultan dañinos para el organismo, pueden ser muy beneficiosos cuando se emplean de manera ponderada.

El estudio de estas particularidades y el aislamiento de sus efectos para poder inducirlos de forma controlada por un especialista han permitido que el botox pase de ser un problema a convertirse en una solución.

Botox en odontología

El potencial de la toxina botulínica

El rasgo característico de esta toxina es el efecto paralizante que provoca. El botox se adhiere a las terminaciones nerviosas motoras, es decir, las encargadas del movimiento, mediante una reacción química que genera una parálisis muscular temporal.

¿Cómo puede ser esto algo ventajoso? El secreto de su potencial en el ámbito de la estética o de los tratamientos médicos está en el modo en el que se aplica: inyecciones intramusculares que permiten trabajar de manera muy precisa en las zonas a tratar. Un procedimiento no invasivo, rápido y con efectos inmediatos que se prolongan aproximadamente durante 6 meses.

Esta técnica es indolora y con ella es posible evitar una intervención quirúrgica, puede realizarse en cualquier época del año; los procedimientos no requieren de una preparación previa ni de un proceso de recuperación, y las reacciones adversas suelen ser poco frecuentes o poco relevantes (náuseas, rigidez, alergia).

Aparte de las aplicaciones del botox en odontología, que trataremos con mayor detalle a continuación, esta toxina se ha hecho popular por otros fines médicos y estéticos que han supuesto un gran éxito:

  • Tratamiento de algunas enfermedades neurológicas como las migrañas
  • Las algias vertebrales
  • La hiperhidrosis
  • La corrección de las arrugas de expresión en el rostro
  • Las distonías o contracciones musculares involuntarias
  • La incontinencia urinaria

Un uso muy extendido que no está exento de polémica

Los tratamientos con botox se realizan mediante técnicas de infiltración que, desde el punto de vista de la ejecución, no suponen una gran complicación. No obstante, es muy importante contar con los conocimientos anatómicos y neurofisiológicos pertinentes para practicar esas inyecciones intramusculares.

Esto que podría resultar obvio, ha sido durante muchos años motivo de controversia ya que, en plena expansión del botox en el sector de la estética, el empleo de esta sustancia se realizaba de manera discrecional, sin garantías de que la persona que estaba detrás de la aguja tuviese la capacitación adecuada para llevar a cabo este tipo de procedimientos.

A día de hoy, la ley no especifica qué profesionales están o no autorizados para el empleo de estas técnicas, ya que en España la medicina estética no está considerada una especialidad con una titulación concreta. Sin embargo, sobre lo que sí existe consenso es sobre la obligatoriedad de que sean ejecutadas exclusivamente por médicos o personal sanitario acreditado.

¿Cuál es el papel del botox en odontología?

La cirugía oral y maxilofacial también se ha beneficiado de esta sustancia. El empleo de botox en tratamientos bucales está cada vez más extendido en el abordaje de:

Probablemente, esta última aplicación sea una de las que más protagonismo ha adquirido en los últimos tiempos. Hasta hace muy poco, el principal tratamiento que se empleaba para mitigar los síntomas de bruxismo o rechinar involuntario de los dientes eran las férulas o aparatos bucales que el paciente empleaba durante la noche.

Con la inclusión del botox en odontología se han abierto nuevas perspectivas en el tratamiento de esta disfunción que permiten un abordaje más allá de lo sintomático: se puede actuar sobre la espasticidad y el exceso de actividad muscular, dos de los principales desencadenantes de este problema.

Dependiendo de las particularidades de cada caso, se ha determinado que en algunos pacientes es posible emplear con éxito inyecciones de toxina botulínica en los músculos motores de la mandíbula. Infiltraciones puntuales que limitan las contracciones involuntarias de esta musculatura pero que no afectan en absoluto a las capacidades masticatorias. Se trata de una parálisis neuromuscular selectiva que interrumpe el origen de esas contracciones sin interferir en otros aspectos importantes como la sensibilidad o los movimientos voluntarios.

¿Es un procedimiento doloroso?

Una de las grandes ventajas del empleo de botox en los tratamientos dentales es que apenas tiene contraindicaciones. Las infiltraciones se realizan de forma ambulatoria con finísimas agujas y en aproximadamente tres días ya se nota la respuesta muscular favorable.

Eso sí, no se trata de una solución definitiva. El efecto clínico del botox, ya sea en la mandíbula o en cualquier otra zona de la cara o el cuerpo, se prolonga durante cinco o seis meses. Lo habitual es que, si los resultados han sido satisfactorios para el paciente, se vuelva a practicar una nueva infiltración transcurrido este tiempo.

Hay que esperar al menos tres meses entre infiltraciones para garantizar el éxito y la seguridad del procedimiento. Además, hay que valorar muy bien las cantidades de toxina que se infiltran, no tanto por los posibles efectos adversos, apenas existentes, sino porque el paciente podría desarrollar anticuerpos que limitaran la efectividad del tratamiento con esta sustancia.

El futuro del botox en las clínicas dentales

Aunque la toxina botulínica es ampliamente conocida por su potencial en los tratamientos de estética y cosmética, el botox en odontología no se reduce a una cuestión de belleza. Si bien es cierto que también se aplica en la denominada ‘odontología cosmética’ y que sirve para el tratamiento integral de la armonía facial de los pacientes, hay que destacar el potencial de esta sustancia en tratamientos bucales mucho más relacionados con la salud.

La posibilidad de corregir disfunciones en la mordida, evitar dolores maxilares y cervicales, mitigar las migrañas o solucionar los problemas de bruxismo son algunos buenos motivos por los que emplear botox en la consulta del dentista. Por lo que es probable que, con el paso del tiempo, se descubran nuevas aplicaciones odontológicas para esta versátil sustancia.

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