Curiosidades sobre la saliva: el elixir que protege nuestro organismo

¿Sabías que los seres humanos segregamos alrededor de 44 toneladas de saliva a lo largo de nuestra vida? Este dato es un claro indicativo de que las funciones de la saliva en nuestro organismo van mucho más allá de mantener la boca lubricada y facilitar el habla o la deglución.

¿Qué es la saliva?

La saliva es uno de los numerosos fluidos que componen nuestro cuerpo. Como sucede con el resto de estos fluidos, un alto porcentaje de su composición (99%) es agua, mientras que una ínfima parte se compone de enzimas, inmunoproteínas, electrolitos, lípidos, hidratos de carbono, células epiteliales y glucoproteínas. Un cóctel de componentes que se elabora en las glándulas salivales de la cavidad bucal y que presenta un aspecto transparente, sin apenas olor y de textura líquida aunque ligeramente untuosa.

Saliva bebé

Funciones de la saliva en nuestro organismo

A menos que padezcas algún tipo de disfunción como la xerostomía (sequedad de la boca), tus glándulas salivales estarán produciendo saliva durante todo el día, aunque con menor frecuencia durante las horas de sueño, puesto que la actividad de tu cuerpo también es más reducida.

¿Y para qué necesitamos estar produciendo saliva a lo largo de todo el día? Aunque el lugar de producción y el hábitat de la saliva estén tan localizados, este fluido tiene un alcance que se extiende más allá de las fronteras de la boca. Las propiedades de la saliva convierten a este líquido en una especie de elixir sin el que no se podrían desarrollar funciones de tu cuerpo tan importantes como la deglución o la digestión de los almidones y las grasas de nuestra dieta, por no hablar de la importante barrera de protección que representa frente a gérmenes y bacterias.

7 curiosidades sobre la saliva que tal vez desconocías

1. Alerta frente al equilibrio hídrico

¿Alguna vez te has preguntado qué es lo que produce la sensación de sed? Cuando el nivel de agua en la saliva desciende y se concentran en ella el resto de elementos que la componen, determinados sensores de la boca disparan la alerta y la envían al cerebro: algo no va bien. En lugar de activar la salivación optan por su inhibición, una orden mucho más rápida y efectiva que aumenta la sensación de sequedad y nos advierte de que debemos rehidratarnos.

2. Favorece la comunicación hormonal

El valor romántico de los besos queda un poco en entredicho si tenemos en cuenta que este acto afectivo es, en esencia, un intercambio de fluidos. Dicho de otra manera, los besos pasionales tienen también una base científica. Durante el beso se produce un intercambio hormonal en el que, en función de la química (la real, no la amorosa) los sujetos se pueden sentir más atraídos el uno hacia el otro o todo lo contrario. En el caso del rechazo, los expertos opinan que podrían existir motivos de cercanía genética que lo provocan.

3. Es fundamental para hacer la digestión

Emoticono salivaEse pequeño porcentaje de sustancias que contiene la saliva y que no son agua está compuesto, entre otros elementos, por enzimas. Estas enzimas se mezclan con el alimento durante la masticación para formar el bolo alimenticio que deglutes y que viajan por el tubo digestivo hasta el estómago.

Cuando comienza el proceso digestivo, las enzimas como la ptialina y la lipasa se ponen manos a la obra. Sus funciones son de lo más diversas. En el caso de la primera, se encarga de facilitar la digestión de los hidratos de carbono a través de un proceso de hidrolización del almidón que estos contienen y que resulta en la generación de glucosa. Por su parte, la lipasa libera ácidos grasos de la comida ya desde el momento de la masticación, facilitando así el procesamiento de los alimentos más pesados.

4. Le pone sabor a la vida

Tan importante es la función de la saliva en el proceso digestivo como su papel en el sentido del gusto. Gracias a este fluido bucal hacemos que las papilas gustativas se pongan en funcionamiento para decirle al cerebro qué sensaciones nos está produciendo lo que tenemos en la boca. Desde un chicle hasta una cucharada de sopa, todo el proceso de degustación comienza con los receptores químicos e iónicos de la saliva diciéndole a las papilas gustativas de la lengua que empiecen a trabajar.

Lo entenderás mejor haciendo un sencillo experimento: sécate la lengua con un papel y a continuación dale un bocado a algo sabroso. Te darás cuenta de que sin la intervención de la saliva, su sabor no es tan intenso como el que esperabas.

5. Se emplea en trabajos de restauración

Otra de las aplicaciones de las enzimas salivales, aparte de todas aquellas que tienen que ver con la digestión, no está precisamente en el interior de tu boca. A menos que te dediques de manera profesional a la restauración de cuadros y otras obras de arte, lo más probable es que no sepas que la saliva se emplea como algo habitual en el sector con el objetivo de degradar impurezas. Pero no vayas a pensar que los expertos limpian los cuadros a lametones. Para ello ya existen en el mercado salivas sintéticas que imitan las propiedades emulsionantes y detergentes de la saliva natural.

6. Produce un potente analgésico, más intenso que la morfina

El descubrimiento de esta propiedad de la saliva humana es bastante reciente. Se remonta a un estudio realizado por el Instituto Pasteur en 2006 en el que los investigadores franceses identificaron en la saliva la presencia de un opiáceo hasta seis veces más potente que la morfina. El equipo decidió llamar a esta sustancia opiorfina y es, en esencia, un inhibidor del dolor.

Su potencial analgésico por el momento solo ha sido estudiado en ratas, pero sus implicaciones terapéuticas son tan notables que tarde o temprano terminarán aplicándose al desarrollo de nuevos fármacos para aplacar el dolor e incluso combatir algunos trastornos emocionales.

7. Protege tu boca en el sentido más amplio

Uno de los principales beneficios de la saliva está en su capacidad para protegerte frente a innumerables infecciones y para mantener sanos los dientes. No hace falta que te alarmes pero, si fueras consciente de la cantidad de gérmenes y bacterias que se cuelan en tu boca a diario, te quedarías sorprendido.

Por suerte, tu organismo te ha provisto de un sistema de barrera de lo más eficiente frente a este tipo de amenazas. La saliva tiene una doble función antifúngica y antibacteriana, bien sea a través de proteínas como la estaterina, la lactoferrina o la transferrina, bien a través de enzimas como la muramidasa o la lisozima.

Además, regula el pH de la boca para evitar el exceso de acidez y con esto también reduce el desgaste y la corrosión de las piezas dentales. Un mecanismo de defensa diseñado a la perfección.

A lo largo del día podemos segregar entre uno y dos litros de saliva. La producción se incrementa con el hambre, el estrés o el deseo sexual y disminuye de manera significativa durante la noche, cuando el cuerpo entra en estado de letargo. La mayor parte de esta saliva pasa al sistema digestivo mientras que el resto se evapora. Y aunque no solemos reparar en su presencia, tiene mucho más protagonismo en nuestras funciones corporales del que podrías imaginar. Junto a unos buenos hábitos de higiene bucodental, es tu mejor aliada para tener una boca saludable.

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